TEMA 7: LA FORMACIÓN DEL IMPERIO ESPAÑOL
El Imperio de Carlos I
En 1516, Carlos I, descendiente de Juana de Castilla y Felipe de Habsburgo, obtuvo el trono de España junto con
sus dominios y vastas regiones en Europa central. Criado en Flandes, al arribar a España en 1517 colocó en la
administración a asesores flamencos. En 1519 falleció su abuelo, el emperador Maximiliano de Austria, y Carlos
solicitó a las Cortes castellanas los recursos para su coronación como emperador. En 1520 se dirigió a Alemania,
donde lo proclamaron emperador bajo el título de Carlos V.
Después de la partida del soberano, surgió en varias urbes castellanas el levantamiento de las Comunidades (1520).
Los insurgentes demandaban que el monarca viviera en Castilla, que los fondos castellanos se usaran para las
demandas locales y una mayor implicación castellana en la dirección. Sin embargo, el rey, respaldado por la
nobleza superior, venció a los comuneros en 1521.
Casi al mismo tiempo ocurrieron en Valencia y Mallorca las Germanías, sublevaciones del pueblo contra los
aristócratas. Carlos I respaldó a la aristocracia y los sublevados fueron aplastados. A pesar del fracaso de estos
motines, Carlos I modificó su estilo de liderazgo.
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La monarquía hispánica de Felipe II
En 1556 Carlos I abdicó del trono y repartió sus bienes: Entregó el cargo de emperador y sus tierras austriacas a su hermano Fernando. Cedió el
resto de sus propiedades a su hijo Felipe.
A las áreas recibidas de su padre, Felipe II incorporó en 1580 el reino de Portugal y sus territorios en África, Asia y América (Brasil), luego de
que el rey portugués muriera sin sucesores. Los expertos llaman a este tipo de gobierno monarquía hispánica (asociación de reinos bajo un solo
soberano).
El rey dirigía desde Madrid, donde fijó la corte, ya que veía a Castilla como el núcleo de su monarquía. El monarca Felipe II se transformó en
uno de los más influyentes de su tiempo.
La política centralizadora
Las iniciativas de unificación (de integrar todo bajo una autoridad única) del rey generaron una fuerte resistencia en ciertos reinos de la
monarquía, particularmente en Portugal, donde sus posesiones ultramarinas permanecieron bajo control portugués, y en Aragón, donde en
1591 surgió un alzamiento para proteger sus fueros (normas locales), ligado al asunto de Antonio Pérez, asistente de Felipe II. Acusado de
homicidio, para evadir la justicia castellana escapó a Zaragoza y se amparó en los fueros aragoneses. Felipe II lo denunció ante la Inquisición y,
dado que esta tenía competencia (poder) en las Coronas de Castilla y Aragón, lo sentenció a muerte. La pena causó altercados, ya que se
interpretó como un atentado contra los fueros aragoneses.
La política religiosa
Felipe II fue un firme protector del catolicismo ante el islam y el avance de la Reforma protestante en Europa. Fortaleció la función de la
Inquisición (corte eclesiástica para combatir herejías), vetó el ingreso de textos foráneos a España y la partida de alumnos españoles a otras naciones
. Además, jamás otorgó libertad de culto a sus vasallos.
Suprimió con severidad la insurrección de los moriscos en el reino de Granada en 1568. Aunque formalmente eran cristianos, se creía que muchos
seguían su religión anterior. Alrededor de cien mil moriscos fueron expulsados y repartidos por Castilla.
Síntesis de puntos clave:
• Carlos I adquirió numerosos dominios y se convirtió en emperador, pero inicialmente designó extranjeros en la administración, lo que
provocó alzamientos como las Comunidades y Germanías.
• Felipe II añadió más áreas, como Portugal, y administró desde Madrid buscando integrar todo.
• Surgieron conflictos por el deseo de unificar normativas y por la defensa estricta del catolicismo, como con la Inquisición y los moriscos
(musulmanes bautizados).
2. Problemas y conflictos en la política imperial.
Durante el siglo XVI, la estrategia externa del Imperio español perseguía tres metas: preservar todos sus dominios, consolidar el predominio
(supremacía) español en Europa y salvaguardar la religión católica.

2.1 La conservación de los territorios del Imperio
Para sostener la unidad (integridad) del Imperio, los soberanos españoles participaron en múltiples batallas y disputas donde se entremezclaban
aspiraciones territoriales y confrontaciones religiosas.
Francia representó el mayor adversario de la monarquía hispánica en el siglo XVI. A lo largo de su mandato, Carlos I combatió contra Francisco I
de Francia por el control de Italia. El peligro francés se detuvo por varias décadas durante el gobierno de Felipe II, después de la victoria sobre
Francia en la batalla de San Quintín (1557) y el tratado de paz en 1559.
Otro conflicto involucraba al Imperio otomano, que intentó apoderarse de zonas en Alemania. En 1529 asediaron Viena, pero fallaron en tomarla.
El riesgo también provenía de los asaltos (incursiones) en el mar Mediterráneo por corsarios berberiscos, aliados de los otomanos, que
obstaculizaban el intercambio en esa área. En 1570 los otomanos capturaron Túnez y Chipre. Para contrarrestarlos, España, Venecia y el papa
formaron una coalición que los venció en la batalla de Lepanto en 1571.
2.2 La hegemonía en Europa y la defensa del catolicismo
En el Sacro Imperio Romano, varios príncipes luteranos adhirieron a la Reforma protestante y crearon una coalición, la Liga de Esmalcalda (1531),
que Carlos I derrotó en la batalla de Mühlberg (1547). Pero la conciliación llegó con la Paz de Augsburgo (1555), donde el emperador permitió
libertad religiosa a los príncipes.
Felipe II continuó el combate contra el protestantismo. El calvinismo se propagó en Francia y la aristocracia francesa se dividió entre católicos y
hugonotes (calvinistas). De 1562 a 1594 ambos bandos libraron guerras religiosas. Felipe II se involucró apoyando a los católicos, sin lograr
victoria.
En los Países Bajos también se difundió el calvinismo, especialmente con la influxión de hugonotes franceses perseguidos. La postura
antipotestante de Felipe II y los altos tributos provocaron un levantamiento feroz en 1566. Las regiones del norte, guiadas por Guillermo de Orange,
proclamaron su autonomía como Provincias Unidas. El rey rechazó esto y se inició una guerra prolongada de 80 años. España reconoció la
independencia en 1648.
El precio de este conflicto fue altísimo, ya que dañó el intercambio con el mar Báltico y la próspera zona de Flandes. Además, llevó a la confrontación
con Inglaterra. Desde que Isabel I asumió el trono inglés en 1558, las relaciones entre España e Inglaterra se deterioraron. El respaldo inglés a los
insurgentes de los Países Bajos impulsó a Felipe II a despachar la Gran Armada, conocida después como Armada Invencible. Se trataba de una
flota formidable que zarpó desde Portugal para atacar Inglaterra y fue aniquilada en 1588.
2.3Los problemas financieros del Imperio
Sostener un imperio tan vasto implicaba gastos colosales, por lo que Carlos I y Felipe II enfrentaron serias complicaciones para solventar sus
estrategias.
La monarquía hispánica obtenía grandes volúmenes de oro y plata de América. Además, los reyes elevaron los gravámenes, especialmente en
Castilla. Aun así, no bastó para cubrir los costos y recurrieron a más préstamos (endeudamiento).
Frente a esto, Felipe II tuvo que anunciar varias quiebras, o sea, detuvo el reembolso de deudas por incapacidad de pagarlas. En otras situaciones,
se pospusieron los pagos.
Síntesis de puntos clave:
• El Imperio buscaba mantener dominios, liderar Europa y proteger el catolicismo, lo que generó batallas con Francia, otomanos y
protestantes.
• Conflictos destacados como San Quintín, Lepanto, Mühlberg y el fracaso de la Armada Invencible.
• Las guerras demandaron mucho capital, llegó metal de América pero insuficiente, y ocurrieron quiebras (incapacidad de saldar
deudas).
3. El gobierno de un extenso Imperio
3.1 Un Imperio centralizado en la figura del monarca
Carlos I y Felipe II incrementaron la integración (centralización) de la monarquía empezada por los Reyes Católicos. Aunque el Imperio se
componía de regiones variadas, con sus propias normativas e organismos, todas compartían el mismo soberano. El rey o reina administraba,
guiaba la diplomacia y las fuerzas armadas, y manejaba los tributos. Sin embargo, ciertas medidas, como imponer nuevos gravámenes,
requerían el visto bueno de las Cortes de cada zona.
3.2 Las instituciones de gobierno
El soberano recibía consejos de los órganos asesores. Existían consejos regionales que manejaban temas de un área específica: Castilla, Aragón,
Flandes, Indias, Portugal o Italia; y consejos especializados, como el de Estado, el de Finanzas o el de la Inquisición, que abordaban asuntos
concretos. El Consejo de Estado era el único con alcance en todo el Imperio, pues debatía sobre temas globales y los de mayor relevancia
(importancia).
Además, en cada región un virrey o gobernador actuaba en representación del rey y dirigía en su lugar. Los virreyes poseían facultades
(atribuciones) políticas, bélicas y legales.
Las cancillerías y audiencias eran cortes supremas de justicia que resolvían en nombre del monarca. Sus veredictos eran definitivos (inapelables),
excepto en circunstancias excepcionales.
En algunas áreas había entidades, como el Justicia Mayor de Aragón, que vigilaban que el rey no infringiera (violara) las normativas locales
de esos lugares.
Síntesis de puntos clave:
• El soberano era el eje principal, pero cada región conservaba sus normativas.
• Órganos asesores auxiliaban al rey en cuestiones territoriales o financieras; virreyes administraban en nombre del rey.
• Cortes como audiencias impartían justicia inapelable.
4. Cómo eran la economía y la sociedad en el Imperio español
4.1 La economía imperial
Al comienzo del siglo XVI, Castilla constituía el soporte económico clave de la monarquía. Durante el siglo, la vitalidad (vigor) económica
castellana disminuyó, parcialmente por los altos gravámenes y el aumento de costos, causado por el arribo de metales valiosos de América
(«Revolución de los precios»).
No existió una estrategia económica unificada para todos los reinos. Los gastos de la política imperial agotaron los recursos castellanos, cuya
prosperidad se redirigía a zonas como Flandes e Italia para financiar las guerras constantes. Por eso, los soberanos acudieron a prestamistas y
pidieron créditos, hasta que el sistema económico se derrumbó y se produjeron varias quiebras.
La agricultura creció gracias al cultivo de nuevas parcelas, y la ganadería migratoria (trashumante), amparada por beneficios otorgados a la Mesta
castellana, conservó su relevancia por las ventas de lana al exterior.
La manufactura, en particular la metalurgia (siderurgia) vasca y la producción de telas en Castilla, se expandieron.
El intercambio fue el sector con mayor expansión (auge), gracias al control exclusivo del comercio con América y la llegada de metales valiosos
de ese continente. Todo el flujo comercial americano transitaba por Sevilla, que se volvió una de las urbes europeas más destacadas. Otros
puertos cantábricos, como Bilbao, sostuvieron un comercio notable.
4.2 La estructura social
La sociedad española mantenía la división en grupos (estamentos) favorecidos (aristocracia y clero) y no favorecidos (pueblo). Los favorecidos
pagaban pocos gravámenes y tenían cortes propias.
La aristocracia: La aristocracia superior tenía vastas fincas y monopolizaba (acaparaba) los puestos altos en la administración. Disfrutaba de
alto reconocimiento social y gran influencia económica. La aristocracia inferior consistía en hidalgos, que a menudo carecían de riqueza o
bienes.
El clero: El clero superior abarcaba a los líderes eclesiásticos, como cardenales, arzobispos y obispos. Usualmente venían de linajes nobles y
poseían amplios terrenos, lo que les daba gran poder económico y peso en la corte. El clero inferior, integrado por religiosos, monjas y
párrocos de iglesias humildes, tenía ingresos generalmente bajos. Procedían del pueblo y a veces contaban con preparación religiosa limitada
para sus labores.
El pueblo: Cubría los gravámenes y realizaba las labores productivas. Estaba formado mayormente por trabajadores rurales (pequeños dueños,
asalariados…), pero también incluía manufactureros, mercaderes prósperos por el comercio americano, operarios de talleres, sirvientes…
El nivel más bajo lo ocupaban los marginados, que subsistían de pedir (mendicidad), donaciones o astucia.
Las mujeres tenían un rol subsidiario en la sociedad. En el campo colaboraban en labores agrícolas y criaban a la prole; en las ciudades, atendían
el hogar y podían laborar como sirvientas, amas de cría…
Solo unas pocas accedían a estudios y sobresalían, como Francisca de Nebrija, hija del erudito Antonio de Nebrija, que impartió clases de retórica
en la Universidad de Alcalá, o Catalina de Aragón, hija de Isabel la Católica, que patrocinó (mecenas) al erudito Luis Vives.
Síntesis de puntos clave:
• Economía: Castilla financiaba mucho las guerras, los precios escalaron por metales americanos, se expandieron agricultura,
ganadería y comercio en Sevilla.
• Sociedad: Separada en aristócratas y clero (favorecidos, adinerados) y pueblo (laboriosos, tributarios). Mujeres en posiciones
secundarias, pocas instruidas.
• Dificultades: Quiebras por préstamos, y la «Revolución de los precios» encareció todo.
5. La conquista de América
5.1Las capitulaciones de conquista
A inicios del siglo XVI, los españoles solo controlaban las islas caribeñas en América, donde no se aclimataban y los productos europeos no
prosperaban. Además, la extracción de oro era limitada. Por ello, se aventuraron a dominar el resto del continente.
Se prepararon varias campañas en América Central y del Sur. Las principales fueron la de Hernán Cortés, que sometió el Imperio azteca, y la
de Francisco Pizarro, que venció al Imperio inca.
Las campañas las lideraban individuos que obtenían del rey un permiso de conquista, o sea, una licencia para formar un ejército y dominar una
zona. Los costos los asumía el conquistador, quien ganaba el rango de gobernador o capitán, autorización para usar grandes extensiones y una
porción del saqueo. Pero la zona dominada pertenecía a la Corona.
Los conquistadores enfrentaron a naciones más pobladas, algunas como los aztecas e incas con sociedades muy desarrolladas.
La conquista de los Imperios azteca e inca
La conquista del Imperio azteca: En 1518, Hernán Cortés, con cerca de 400 soldados, salió de Cuba para reconocer el golfo de México.
Al desembarcar en Veracruz en 1519, supo de un vasto y opulento imperio y optó por someterlo. Aprovechó el desconcierto que causaron
los españoles entre los nativos para aliarse con grupos oprimidos por los aztecas.
Ese año, Cortés ingresó en la capital azteca, Tenochtitlán, y el emperador Moctezuma lo acogió sin hostilidades. Pero en 1520, los aztecas
se rebelaron y los españoles huyeron de Tenochtitlán (Noche Triste), con numerosas pérdidas. Un año después, en 1521, Cortés llevó a cabo la
dominación final del Imperio azteca: capturó Tenochtitlán y mandó arrasarla. En los años subsiguientes se dominó el resto.
La conquista del Imperio inca: Francisco Pizarro dirigió la dominación del Imperio inca. Al igual que Cortés, usó las rivalidades de los grupos
subyugados por los incas y las divisiones internas del Imperio, envuelto en una lucha civil entre aspirantes al trono, Huáscar y Atahualpa.
En 1532, Pizarro y alrededor de 200 hombres capturaron en Cajamarca al emperador inca Atahualpa. Este ofreció un rescate enorme en oro
y plata por su libertad, pero lo mataron.
En 1533, los dominadores ocuparon Cuzco, la capital inca, consolidando el mando en la actual Perú, pero el control total del Imperio inca fue
prolongado y arduo por su inmensidad, la oposición nativa y disputas entre los mismos dominadores.
5.2 La estrategia de la conquista y la colonización
Los nativos fueron derrotados gracias al superior equipo militar español, las disputas (rencillas) entre comunidades americanas, que los
dominadores explotaron para forjar alianzas, y el pavor de los indígenas ante intrusos desconocidos (a caballo, con protecciones y armas de
pólvora…) vistos como deidades antiguas del mar.
El outcome fue un régimen colonial fundado en la extracción de las riquezas locales y la conversión religiosa (evangelización) como método
de control. Castilla inició este patrón, copiado pronto por otras naciones coloniales como Inglaterra y Países Bajos, erigiéndose en la primera
potencia colonial de la Era Moderna. En la iniciativa colonizadora castellana resaltó la participación de individuos de origen vasco, andaluz,
extremeño o portugués.
Los nativos americanos presentaron una resistencia persistente (tenaz). Para validar (legitimar) la toma de sus tierras se invocó lo que entonces
se llamaba derecho de conquista.
Síntesis de puntos clave:
• Españoles dominaron porque en el Caribe había escaso oro, emplearon permisos (capitulaciones) del rey para conquistar a cambio
de tierras.
• Cortés sometió aztecas en México (1519-1521), Pizarro incas en Perú (1532-1533), con pocos hombres pero uniéndose a rivales locales.
• Triunfaron por armamento avanzado, divisiones nativas y temor; luego extrajeron riquezas y propagaron la fe.
6. La organización y la administración de la América colonial
6.1 El gobierno y la administración de las colonias
Los Reyes Católicos manejaron las posesiones americanas de manera conjunta entre las Coronas de Castilla y Aragón. La integración (anexión)
de las tierras americanas a Castilla ocurrió en las Cortes de Valladolid en 1518. Desde entonces, Castilla asumió exclusivamente la dirección
de esas posesiones.
Rápidamente se elaboraron las primeras Leyes de Indias (1512), se instituyó el Consejo de Indias (1524) y se emitieron (promulgaron) las Leyes
Nuevas (1542), que reestructuraron las áreas americanas y establecieron el trato adecuado a los nativos. No obstante, su aplicación fue mínima.
La estructura territorial se organizó al principio en dos virreinatos, el de Nueva España (1535) y el del Perú (1543). Cada uno lo encabezaba
un virrey, elegido por el soberano de la aristocracia castellana superior, que actuaba por el rey.
Los virreinatos se subdividían en provincias o capitanías, zonas dirigidas por un gobernador con competencias administrativas, legales y bélicas.
Las provincias se fragmentaban en distritos, liderados por un corregidor.
Además, en las ciudades americanas clave se crearon audiencias para enforzar las leyes y administrar justicia.
6.2 La sociedad colonial
La sociedad en la América española se estructuró según criterios raciales (étnicos).
Los españoles y sus herederos, denominados criollos, ocupaban el tope (cúspide) social. Dominaban el intercambio, tenían las fincas y ocupaban
los roles directivos.
Los mestizos, o sea, descendientes de españoles e indígenas, tenían un estatus intermedio.
Debajo de los mestizos estaban los nativos, que efectuaban labores en minas, campos y ganado. Padecieron muchos excesos y mayormente
vivían en condición de dependencia (servidumbre) ante los colonos españoles.
El estrato inferior lo formaban los esclavos africanos traídos para las faenas más pesadas en zonas donde los nativos disminuyeron por
enfermedades y explotación.
Aunque frecuentemente se omite la contribución femenina en la dominación y asentamiento de América, hubo mujeres con roles prominentes.
Entre ellas, Isabel de Barreto, que asumió el comando de una expedición a las islas Salomón como almirante tras la muerte de su esposo;
Mencía Ortiz, que creó una empresa para negociar con las posesiones americanas; la constructora de naves Francisca Ponce de León;
María de Toledo y Rojas, apodada «virreina», esposa de Diego Colón y protectora de los nativos americanos; o Beatriz de la Cueva, gobernadora
de Guatemala.
Síntesis de puntos clave:
• Administración: Castilla dirigía todo, con Leyes de Indias para amparar nativos (aunque poco aplicadas). Virreinatos como Nueva
España (México) y Perú, con virreyes por el rey.
• Sociedad: Españoles y criollos en la cima, mestizos en medio, nativos y esclavos africanos en la base, con excesos.
• Mujeres: Algunas como María de Toledo intervinieron en dominaciones y administraciones.
7. La explotación económica de la América colonial
7.1 La explotación de las minas y las encomiendas
La dominación entregó a los españoles abundantes depósitos (yacimientos) de metales valiosos, como Potosí (Bolivia) y Zacatecas (México).
Su operación la organizaba la Corona, que cobraba una fracción de los minerales sacados. Las minas se trabajaban con la mita, un régimen de
labor forzada para nativos. Los mitayos operaban en circunstancias extremas, con turnos de más de doce horas bajo tierra.
Los colonos establecieron en América grandes propiedades agrícolas y pecuarias, cultivando tabaco, maíz, azúcar… Para su operación, se
implementó el sistema de encomienda.
El soberano asignaba a un colono (encomendero) parcelas para cultivar, incluyendo no solo el suelo sino los nativos residentes para laborarlo.
A cambio, el encomendero debía resguardar a los nativos y enseñarles el cristianismo. En realidad, los nativos sufrieron excesos y maltratos,
y la encomienda se tornó en una variante de dependencia.
7.2 El monopolio comercial
El intercambio con América fue crucial para el Imperio español. Era un control exclusivo (monopolio) real y la Casa de Contratación en
Sevilla lo gestionaba. De América salían embarcaciones hacia España con bienes agrícolas y metales valiosos principalmente. Con el paso
del tiempo, otras naciones como Francia, Inglaterra y Provincias Unidas intentaron quebrar el monopolio. Para resguardar las naves de ataques
piratas y corsarios, se formaron las flotas de Indias para que viajaran agrupadas.
Síntesis de puntos clave:
• Minas: Aplicaban mita (labor obligada nativa) en sitios como Potosí, con condiciones severas.
• Encomiendas: Otorgaban tierras y nativos a colonos para cultivar, pero con excesos en lugar de resguardo.
• Comercio: Control exclusivo de Sevilla, naves en flotas contra piratas, transportaban oro y bienes.
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